Ese momento en la vida (¿una introducción?)

    Me pasé mucho tiempo pensando en un título para este blog. No fue fácil. Hace mucho tiempo que quería hacer algo diferente, algo que me diera satisfacción, incluso si no encuadraba en la categoría de "emprendimiento" o "trabajo".
    Finalmente me puse a pensar en las cosas que me gustan. Entre un montón de cosas mas, me apasiona la Historia, así, con mayúsculas, como la materia de la escuela. En parte porque es como leer 2000 años de chusmerío (¡hay cada cuento dando vueltas por ahí!), pero también, y en un sentido mas profundo, porque nos muestra lo que fuimos y nos anticipa lo que seremos. Hay cosas que se repiten, hay causas y efectos, y en la vida de las personas pasa lo mismo. Es bueno saber de dónde venimos para poder tratar de ver hacia dónde podemos ir.


    Y además me gustan las plantas. Lo que vemos, las ramas y las hojas, dependen de lo que rodea a la raíz. Listo, metáfora completa.
    Hace un par de años, todos pasamos, soportamos y sobrevivimos la pandemia del COVID19. Creo que para la mayoría de nosotros fue traumático en mayor o menor medida. En mi caso, entre el remolino de emociones que me produjo, tuvo un pequeño condimento. Cumplí 40 años... contagiada de coronavirus...
Siempre había pensado que mis 40 años iba a hacer una fiesta. Una de las grandes, con música, barra y muchos invitados. Al fin y al cabo, 40 años no se cumplen todos los días, no? Después de los 15, los 40 son EL cumpleaños en la vida de una mujer. Pero no, no se dio. Mi cumpleaños pasó sin pena y sin gloria, con algo de miedo y encerrada en mi casa.
    El efecto colateral que tuvo fue que tampoco tuve mucha sensación de cambio de década, ni de época. Simplemente todo siguió igual, y las cosas fueron volviendo lentamente a la normalidad.
    Cuento esto, porque en algún punto de los últimos meses, caí en la cuenta de que ya tenía 4 décadas. No se si fue algo consciente o inconsciente, pero con la espantosa canción de Arjona de fondo, empecé a sentir una urgencia por evaluar mi vida.
    Mi matrimonio y mi maternidad pasaron el examen con bastante altura. Tengo un compañero de hierro al lado, que me hace reír, soñar y hasta enojarme de vez en cuando como para ponerle emoción a la cosa. Los chicos me vuelven loca de a ratos, pero son la maravilla de mi vida.
    En cuanto al resto... no tenía tan buenas notas. Mi carrera estaba en punto muerto. Mi Fé tambaleaba y mi autoestima tenía pronóstico inestable.
    Empecé terapia. Hablamos mucho, sobre todo lo típico, como familia, amigos y trabajo. Admití que estaba harta de la Arquitectura y que muy probablemente me había equivocado de carrera.
    Es raro. La gente va por ahí separándose de sus maridos y esposas y todo el mundo simplemente asiente comprensivo. "Son cosas que pasan". "El amor se acaba". "Es un hijo de puta". "Es una tóxica". Y se acepta, y ya nadie hace demasiadas preguntas. Incluso se festeja la ruptura y se alienta al soltero a buscar alguien mejor.
    Y en cambio, cuando uno dice que se hartó de su carrera, te miran raro. Tratan de convencerte de que no es para tanto. Te recuerdan la cantidad de años que invertiste en estudiar. Te sugieren formas de revitalizar tu profesión.
    Pero yo sentía que mi historia con la Arquitectura estaba agotada. Que había tenido algunos momentos agradables. Que había producido algunas cosas hermosas (mi casa, o la de mis viejos), pero que sostenerla me resultaba una carga. (Otro día entramos en detalles si quieren)
    Una vez blanqueado esto, el siguiente paso lógico era buscar algo mejor. Y ahí es donde me trabé en el barro. Pensé cien alternativas todas mas o menos interesantes, pero ninguna apasionante. Porque ahí está el problema. ¡Me gustan demasiadas cosas! Ya les dije que me gusta la historia. También me gusta escribir, viajar, cocinar, decorar, el bricolage y la jardinería. Y otras cosas más que ahora no me acuerdo. Todo eso deriva en miles de opciones distintas, y el que mucho abarca poco aprieta, dicen.
    Y los chicos crecen, y el cuerpo cambia y esta chica está acá, sentada detrás de un monitor, tratando de definir cómo vivir la próxima mitad de su vida.
    Mientras tanto, tengo ganas de explorar una de mis pasiones. Tengo ganas de investigar y aprender sobre personas y momentos curiosos de la historia. Porque... ¿por qué no?

Comentarios